Una temporada en el laberinto (decida usted si desea adentrarse)

Una tormenta inaugura el tiempo, un estado del mundo. Un grupo de cuerpos irrumpe como quien llega tarde a una catástrofe ya en curso. El espacio que habitan es un laberinto: arquitectura cerrada, repetición, desvío, extravío. No hay centro ni promesa de salida, solo trayectos que se bifurcan y egresan sobre sí mismos. El espectáculo se construye como una partitura donde mito y presente se contaminan.

El relato antiguo del laberinto de Creta -Dédalo, Ariadna, Teseo, el Minotauro- se vuelve materia activa para pensar otros encierros: los de la ciudad contemporánea, los de la violencia normalizada, los del individualismo, la crueldad y la intemperie afectiva. La bestia ya no ocupa el centro del dispositivo: se ha desplazado hacia afuera, mientras los cuerpos quedan atrapados en una maquinaria que produce desgaste, aislamiento y repetición. No hay progreso... ni desenlace épico.... HAY PERSISTENCIA.

La memoria compartida, la acción común, la ALEGRÍA que irrumpe como resto improductivo se insinúan como formas frágiles de resistencia frente al extravío.

No prometemos redención, pero insistimos en preguntarnos: ¿cómo seguir caminando cuando el mundo se ha vuelto un sistema sin salida?

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