Alimento Des...Balanceado (Otra forma de comer)

“Alimento Des… balanceado” nace de algunas imágenes y sensaciones que, de manera muy libre, propone El Matadero, de Esteban Echeverría.

Luego de un temporal, la carne es uno de los objetos reales y simbólicos de la búsqueda infinita de los personajes. En esa necesidad voraz, de hambre real y de consumos del mercado, la crueldad política y mediática alza su juego de promesas, distracciones y violencias.

Una ansiedad voraz ante todo, ante lo primero y lo último que surge a la vista de la población. Y un ser monstruoso, en el corazón del barrio, como promesa de solución a esta ansiedad permanente.

Pero, ¿existe ese monstruo? ¿Y qué significa esa voracidad?

RESUMEN DE LA OBRA:

Luego de un vendaval, dos mujeres, algo chismosas, guiadas por los medios de comunicación, narran la situación de una población que deambula, harapienta, en busca de amparo y alimento.

Llega la prensa amarillista, acompañada por el poder político que, de manera violenta y corrupta, la anima a crear un show mediático distractivo.

La muchedumbre espera y se ilusiona con la aparición del alimento. Creen ver tropillas vacunas que pasan, deliran.

Un sindicalista dubitativo y lento que trata de calmar a la gente, que “interpreta los tiempos”, es interpelado. Mientras, la prensa y la política vuelven a agredir y a sostener un espectáculo violento y grotesco sobre las necesidades de la gente.

Para mayor confusión de la población hambrienta, aparecen personajes que proponen soluciones a través de criptomonedas. Traen, finalmente, migajas que calman algo la situación de hambruna: un pobre toro que termina siendo sacrificado y devorado.

Un poder religioso, místico, promete la llegada de unas “Fuerzas del Cielo”. Y asegura que la solución total al problema del hambre se encuentra oculto: hay que atrapar a un monstruo encerrado en el corazón del barrio, y hay que destruirlo. Sería el monstruo del populismo, del supuesto despilfarro. Carneada esa amenaza, muerta esa fuente de un “virus” a exterminar, desaparecería el hambre y se liberaría toda prosperidad.

Una expedición parte a cazarlo.

Al poco tiempo, regresa derrotada: en el camino de caza fue golpeada, “ajustada”, amenazada; y descubre, junto al resto de la población, que ese monstruo no existe.

Que el hambre eterna, y que la ansiedad permanente que lleva al consumo violento y desenfrenado, son producto del miedo, del engaño y la falta de búsqueda de soluciones comunes dentro de una idea más solidaria.

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